Los futuros colonos espaciales no se entenderán por los cambios que experimentará la lengua

Dos lingüistas hipotetizan sobre cómo cambiará el idioma en una nave espacial del hablado en la Tierra pasadas diez generaciones en vuelo.

Las distancias, las tecnologías de exploración o los enormes presupuestos no son los únicos obstáculos presentes en la lista de trabas que la humanidad tiene por delante en su camino a las estrellas. Un estudio revela que cuando se construyan las naves espaciales capaces de acoger varias generaciones de tripulantes y una vez fundadas algunas colonias en el espacio exterior, su personal o residentes afrontarán ciertos problemas lingüísticos y no podrán entenderse.

El lenguaje está expuesto a mutaciones igual que los genes y, como el viaje interestelar durará mucho, las modificaciones en la lengua o las lenguas de los tripulantes acompañarán a los cambios biológicos y físicos. Los autores de este estudio, dos lingüistas de EE.UU., citan un ejemplo ‘terrestre’ de cómo sucede la transformación y es la entonación ascendiente al final de una frase afirmativa.

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Esta manera de hablar, llamada ‘uptalk’ en los países anglófonos, solo se ha observado en los últimos 40 años y se ha extendido de pequeños grupos de jóvenes a gran parte de la población. Muchos confunden todavía este fenómeno con el tono de pregunta y está ausente en las gramáticas, pero en realidad suena bastante distinto e indica cortesía o inclusión, afirman los autores. El problema es que ha generado muchos casos de incomprensión, aunque las personas hablaban el mismo idioma.  Otros ejemplos en el lenguaje muy notables son el surgimiento de los verbos ‘googlear’ y ‘tuitear’, que no son fáciles de explicar a una persona de los mediados del siglo pasado.

Los lingüistas abordan también los cambios producidos en el habla de los pueblos de Polinesia en algunos cientos de años, a medida que estaban explorando un archipiélago tras otro. Se hizo irreconocible y al mismo tiempo ha estado abierta a la influencia de las lenguas vecinas.

A falta del contacto cotidiano con la comunidad en la Tierra, el idioma de la tripulación experimentaría un cambio rápido, pronostican los autores. “Incluso si las escuelas de a bordo mantuvieran rigurosamente la enseñanza del inglés de la Tierra, los niños desarrollarían su propio dialecto de un inglés de la nave, que con el tiempo se desviaría del inglés de la Tierra”, dicen. Habría también influencias interlinguales, si el equipo proviniera de distintos países.

 

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Uno de los autores, Andrew McKenzie de la Universidad de Kansas, supuso en un comentario que recogió este lunes el sitio web universitario, que “tal vez, lleguemos a un punto en que no habrá contacto real con la Tierra, excepto para enviar actualizaciones ocasionales”. El lingüista hipotetizó sobre la estancia consecutiva de 10 generaciones en una nave espacial diciendo que “surgirán nuevos conceptos, nuevos problemas sociales y las personas crearán formas de hablar sobre ellos y estas se convertirán en el vocabulario particular de la nave”.

McKenzie consideró posible también que la gente en la Tierra nunca se dé cuenta de estas nuevas palabras. “Las generaciones se van y no hay nadie en casa para hablar”, explicó la situación de un tripulante. Además, no habrá mucha razón para informarles, “porque solo lo descubrirán años después, y luego recibirás noticias tuyas años después”.

Asimismo la comunicación tardía no contribuiría a un buen entendimiento entre diversas naves y colonias. Los investigadores sostienen que la comunicación bidireccional será posible entre el equipo de apoyo en la Tierra y la nave o colonia “en lapsos de tiempo relativamente cortos”. Posteriormente el aislamiento formará una identidad “regional” en cada tripulación y no favorecerá la comprensión mutua.