La guerra por La Florida enfrentan Hillary Clinton y Trump

La campaña demócrata inunda el estado con publicidad y voluntarios, mientras el republicano hasta ahora solo tiene dos oficinas fijas y tres rodantes para el ‘swing state’ que puede definir la elección presidencial.  Florida es el estado ‘swing’ o péndulo más importante estas elecciones.  En el tablero de ajedrez político que es Florida, en el que cada voto es crucial para ganar el estado ‘péndulo’ más grande de Estados Unidos, Hillary Clinton y Donald Trump parecen mover sus fichas en direcciones opuestas. La candidata presidencial demócrata tiene 51 oficinas de campaña y una estrategia minuciosa para registrar y movilizar votantes en cada uno de los 67 condados. Más del 25% de sus cientos de empleados en el estado hablan español o creole, los idiomas de los hispanos y haitianos. “Estamos destinando bastante tiempo y recursos porque sabemos que es un estado que se define por muy pocos votos”, afirma a Noticias Jorge Silva, el vocero hispano de la campaña de Clinton. El caso más extremo de la disputa por Florida se dio en la elección presidencial del año 2000, cuando George W. Bush ganó el estado por apenas 537 votos. El republicano Donald Trump, en cambio, tiene solo dos oficinas fijas, una en Sarasota, en el oeste de Florida, y otra en Winter Park, en el centro del estado, según los periódicos Tampa Bay Times y Miami Herald. La campaña planea abrir unas 25 oficinas en las próximas semanas. Noticias intentó durante varios días confirmar el dato con su campaña, quien no respondió a las preguntas. “Es muy desconcertante que la campaña de Trump no tenga una presencia más organizada en Florida en este momento”, dice Sean Foreman, analista político de Barry University.  “Él sigue apoyándose en la cobertura gratuita que le dan en televisión y en sus grandes mítines electorales, pero esa no es la manera de ganar el estado”. Pese a la aparente falta de disciplina en su campaña, el magnate republicano tiene su foco puesto en Florida y en sus 29 votos electorales. Al igual que Clinton, ha celebrado varios actos de campaña aquí. El próximo será el viernes en Pensacola, una zona boscosa y costera en el noroeste más conservador. Los dos candidatos también destinan una buena cantidad de dinero en hacer publicidad televisiva en Florida. El tercer estado más poblado del país tiene diez mercados mediáticos, un reflejo de lo complejo y costoso que puede ser alcanzar todos sus grupos de votantes. “Necesitas un mensaje distinto para la comunidad cubanoamericana que para los puertorriqueños, y un mensaje distinto para los votantes afroamericanos que para los votantes mayores blancos. Eso es cierto en todas partes, pero incluso más en Florida por la diversidad de nuestra población”, explica el analista Sean Foreman. Hillary Clinton lleva la delantera en cuanto al monto gastado en publicidad televisiva. Según publicó el Tampa Bay Times el 24 de agosto, su campaña y grupos aliados han desembolsado $25.8 millones de dólares en comerciales televisivos en el estado. En cambio Donald Trump y grupos aliados han gastado $5.6 millones de dólares aquí. Si se pone una lupa sobre Florida, Tampa, Orlando y sus alrededores son las zonas que más reciben la avalancha de comerciales electorales. Entre el 8 de junio y el 18 de agosto, se emitieron 6,553 publicidades de campaña en Tampa, más que en cualquier otro mercado mediático del país. A eso le sigue Orlando, con 5,723 publicidades. Las cifras son de Wesleyan Media Project, un centro no partidista que analiza la publicidad política. Las regiones de Tampa y Orlando son muy disputadas porque concentran al 44% de los votantes registrados de Florida, dice a Noticias Susan MacManus, politóloga de la University of South Florida. Y a diferencia del norte más conservador o del sur más liberal, suelen oscilar en sus preferencias electorales entre demócratas y republicanos. Basta recorrer algunos de los condados más céntricos para escuchar a los candidatos presidenciales calentar sus motores de cara al 8 de noviembre. Es habitual en estos días ver a voluntarios y activistas al acecho en las puertas de supermercados y comercios para registrar votantes. A finales de agosto, la campaña de Hillary Clinton abrió un puñado de oficinas en lugares como Kissimmee, una ciudad cerca de Orlando que a primera vista parece un gran suburbio un poco decadente. Pero tiene un grupo de votantes clave: los boricuas. Unos 200,000 puertorriqueños se han mudado a Florida en los últimos cuatro años, un éxodo impulsado por la crisis económica en su isla. Muchos se han instalado en el centro del estado. Su voto puede ser decisivo para inclinar la balanza electoral en esta región indecisa y muy codiciada por los candidatos presidenciales. Un día en Kissimmee, campo de batalla para movilizar el voto boricua  Las paredes de la oficina de Clinton en Kissimmee están empapeladas de carteles motivacionales como “Love Trumps Hate”, un juego de palabras con el apellido de su rival republicano cuya traducción literal significa “el amor vence (trumps) al odio”. Hay también un cartel de “puertorriqueños por Hillary”, un guiño a esta crucial comunidad. La oficina tiene papeles con instrucciones muy detalladas para los voluntarios que vayan a hacer llamadas o tocar puertas para pedir el voto por Clinton. Uno de los consejos en su listado es hablar “desde el corazón”. El segundo ya es menos cándido: “Ser persistentes. Llamar a la puerta dos veces”. La campaña también hace un trabajo de orfebre para alcanzar a votantes de todo tipo, con una decena de coaliciones que se enfocan en grupos como los hispanos, la comunidad LGBT, los jóvenes, los adultos mayores y los musulmanes. A una hora de allí, en Tampa, Trump celebró un acto de campaña a fines de agosto. Una vez terminado el mitin, su campaña inauguró una de las tres casas rodantes que hoy recorren Florida para registrar votantes y repartir publicidad electoral. Su campaña sobre ruedas se mueve por tres zonas: el norte, el centro y el sur del estado. Pero en lo que al terreno se refiere, el magnate de los bienes raíces parece estar descansándose en el trabajo de los comités locales que el Partido Republicano tiene en cada condado. “Muchos de los esfuerzos para registrar votantes fueron llevados a cabo por estos comités desde antes de las primarias presidenciales en marzo, con personas conocedoras del terreno que han estado saliendo de puerta en puerta”, asegura la politóloga Susan MacManus. Estos comités locales parecen haber cumplido con su cometido. Según MacManus, hace tiempo ya que la brecha entre votantes registrados como demócratas y republicanos se ha ido estrechando en Florida. Pero ahora ha alcanzado su nivel más ajustado, con solo un 2% más de demócratas que republicanos, afirma la analista.1

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