Que puede hacer Obama en su último mes

En el último mes el presidente puede conceder perdones, proteger el Gran Cañón o actuar en caso de crisis. La ayuda a los ‘dreamers’ es más difícil y depende de que consiga convencer a Trump. A las doce de la mañana del viernes 20 de enero, Barack Obama dejará de ser presidente de Estados Unidos. Donald Trump, el presidente número 45, tomará posesión a esa hora en las escaleras del Capitolio. Pese al estrecho margen, Obama aún tiene plenos poderes. Algunos de sus antecesores han tomado decisiones relevantes en sus últimos días en la Casa Blanca. Obama está de vacaciones en Hawai hasta el 2 de enero y en principio sólo tiene una interrupción pública de trabajo: el 27 de diciembre, con la visita del primer ministro japonés, Shinzo Abe, a Pearl Harbor, la base de la isla de Oahu bombardeada por los japoneses que empujó a Estados Unidos a entrar en la Segunda Guerra Mundial. Ya no hay reuniones legislativas del Congreso y lo habitual es que las últimas semanas de un mandato se dediquen a la transición de Gobierno. Pero los presidentes salientes también han tomado en ocasiones decisiones esenciales in extremis a través de decretos. Las crisis externas han empujado a la actividad hasta el último momento. Quizá el caso más dramático fue el de Jimmy Carter, que acordó la liberación de los rehenes estadounidenses capturados en la embajada de Teherán en enero de 1981, justo cuando dejaba el poder. En sus últimas horas como presidente firmó varios decretos para que fuera difícil denunciar al régimen iraní como parte del acuerdo para que los diplomáticos, empleados de la embajada y familiares volvieran a casa. Los dos aviones con 52 rehenes despegaron de Teherán rumbo a Estados Unidos el 20 de enero, justo cuando Ronald Reagan acababa de terminar su discurso de toma de posesión en Washington. Habitualmente los decretos de los presidentes salientes pueden ser revocados fácilmente con otra orden ejecutiva por parte del sucesor si no está de acuerdo, pero este caso era más complicado porque afectaba al Derecho internacional y Reagan habría necesitado una ley para eliminarlos. La liberación de los rehenes fue un caso especial. Por ejemplo, el 31 de diciembre de 2000 Bill Clinton decidió firmar el Tratado de Roma y aceptar así la creación del Tribunal Penal Internacional, pero unos meses después George W. Bush pudo “desfirmar” el tratado. Si el presidente Obama decidiera firmar ahora tratados internacionales el nuevo presidente podría salirse de ellos en unos meses. Antes de irse de la Casa Blanca, Obama espera recibir el informe de sus agencias de inteligencia sobre qué hizo exactamente el Gobierno de Vladimir Putin para interceder en las elecciones presidenciales a favor de Donald Trump y qué se puede hacer para prevenir las interferencias en el futuro. Pero las consecuencias de ello dependerán ya del nuevo presidente y del Congreso, si decide abrir una comisión de investigación. Estados Unidos ya ha impuesto sanciones a Rusia y aumentarlas dependerá del nuevo Congreso. Cualquier orden ejecutiva de Obama de represalia al Kremlin podría ser descartada por su sucesor. Entre las órdenes ejecutivas hay algunas que no se pueden cambiar y que puede firmar ahora Obama. Por ejemplo, las declaraciones de monumentos históricos, una manera de proteger tierras públicas. En los últimos dos meses de su mandato, Bill Clinton declaró la protección de dos millones de acres y firmó la declaración de creación de monumentos en Nuevo México, Nueva York, Arizona, Utah o California. El nuevo presidente no podía hacer un decreto para quitarle la categoría de monumento a las zonas protegidas. George W. Bush lo intentó para algunos casos pero sus expertos legales concluyeron que no había manera de echar marcha atrás las decisiones con otros decretos. Obama ya ha aprobado protecciones especiales en los últimos meses. De hecho, es uno de los presidentes que más ha utilizado la ley de 1906 para hacerlo y ya ha proclamado 23 monumentos nacionales en Maine, Hawai o el estado de Washington. El presidente podría aprobar un decreto para expandir en Arizona el parque nacional del Gran Cañón y declarar permanente la moratoria de 20 años sobre la apertura de nuevas minas de uranio en la zona. Hay polémica y la cuestión está parada en el Congreso porque los republicanos se oponen a la declaración para conservar más zonas de caza o para que el Estado no tenga más tierras. Otros decretos que planea aprobar Obama en estas últimas semanas pueden afectar a la limitación de emisiones para cumplir con el último acuerdo de lucha contra el cambio climático. En este caso, el nuevo presidente sí puede aprobar órdenes ejecutivas que anulen las decisiones de Obama. El actual presidente está en conversación permanente con el presidente electo para conservar parte de las medidas de la Administración saliente. En este estudio sobre el final de los mandatos, dos profesores de la Universidad de Chicago han calculado que en los últimos 100 días de mandato los presidentes adoptan casi dos medidas legislativas importantes de media al mes. Un poder clásico que ya está utilizando Obama es el de la clemencia para conceder perdones, que devuelve derechos a los convictos (como el de votar), y conmutación de penas, que acorta las sentencias. Sin embargo, es un poder que el actual presidente ha utilizado poco y no para fines políticos. Las penas que ha perdonado o reducido hasta ahora son sobre todo de delincuentes comunes que pedían ayuda al Departamento de Justicia. Hay un fiscal encargado de procesar las peticiones. Este lunes Obama batió el récord de cualquier presidente en un solo día al perdonar la condena a 78 personas y conmutar la pena de 153. La mayoría habían sido encarceladas por delitos relacionados con drogas y muchas tendrán que unirse a un centro de rehabilitación. Edward Snowden, el exempleado de la CIA que reveló el espionaje masivo, ha pedido clemencia, pero hasta ahora la Administración Obama no ha dado ninguna señal de que se la vaya a conceder. Bill Clinton hizo uno de los usos más polémicos de esta práctica. En enero de 2001, perdonó a su medio hermano, Roger, que había cumplido su condena en 1985 por distribuir un gramo de cocaína, al gestor de fondos de inversión y marido de una donante demócrata Marc Rich, a su ex secretario de Vivienda, Henry Cisneros, o a Susan McDougal, empresaria condenada por fraude en el caso Whitewater. El actual director del FBI, James Comey, incluso investigó las declaraciones de perdón de Clinton. Los presidentes también tienen el poder de conceder un perdón “preventivo”, por ejemplo como hizo Gerald Ford con Richard Nixon, que no había sido condenado por ningún crimen en la investigación del Watergate pero que podría serlo en el futuro. En teoría, Obama podría hacer lo mismo con Hillary Clinton en la investigación del uso de un servidor privado para sus emails, pero el FBI ha asegurado tras la indagación que no hay ningún indicio de delito. Por todo ello, es improbable que el presidente haga algo así. Varios demócratas del Congreso han pedido a Obama que utilice su poder para perdonar a los jóvenes inmigrantes protegidos por sus decretos. Pero la Casa Blanca ha sugerido que no puede hacerlo y expertos legales advierten que perdones en masa podrían ser declarados inconstitucionales. Obama podría al menos proteger la información de los cerca de 750.000 jóvenes que tienen ahora un estatus especial para evitar la deportación gracias a la política llamada Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA) y de los que el Gobierno tiene todos los datos. Pero una orden ejecutiva del nuevo presidente podría obligar a transmitir esos datos. En este aspecto, la mejor opción de Obama es intentar convencer al nuevo presidente de que no deporte a estas personas y no utilice la base de datos gubernamental para localizarlas. El senador Lindsey Graham y otros republicanos en el Congreso están trabajando en una legislación específica para proteger a estas personas, jóvenes que llegaron de niños con sus padres y que están estudiando o han servido en el ejército y han conseguido esta protección temporal para poder trabajar y vivir sin miedo a ser deportados.1

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