Cómo México metió a EEUU en la Primera Guerra Mundial

Hace cien años, un presidente que hablaba de “EEUU primero” cambió su política neutral y pacifista para declarar la guerra a Alemania, por un cable cifrado que fue enviado a Ciudad de México.  Al arrancar 1917, la Primera Guerra Mundial entre las potencias europeas entraba en su cuarto año, mientras que la Revolución Mexicana empezaba el séptimo. Ambos conflictos estaban por rozarse para cambiar la historia. En noviembre del año anterior, el presidente de EEUU Woodrow Wilson había ganado en cerrada competencia la reelección con un mensaje de pacifismo y neutralidad que satisfacía las aspiraciones de muchos electores que querían mantener al país alejado del conflicto europeo. “Él nos mantiene fuera de la guerra” y “EEUU primero” fueron lemas de la campaña por la reelección, que fue la primera lograda por dos términos consecutivos por un presidente demócrata desde los tiempos de Andrew Jackson. Pero seis meses después, el 2 de abril, el “pacifista” Wilson estaba frente a una sesión conjunta del Congreso en Washington pidiendo autorización para declarar la guerra al Imperio Alemán. Todo acelerado por un telegrama que había llegado a México.

Cable cifrado

El 19 de enero de 1917, una comunicación cifrada enviado por el ministro de relaciones exteriores de Alemania Arthur Zimmermann a su embajador en Ciudad de México Heinrich von Eckardt, instruía al diplomático que convenciera al gobierno de Venustiano Carranza de atacar a su vecino del norte con la promesa de que le ayudarían a recuperar territorios perdidos el siglo anterior en la guerra con EEUU. El texto, descifrado al día siguiente por la inteligencia naval británica y entregado renuentemente a fines de febrero a Washington, ayudó a Wilson a cambiar el rechazo popular a la aventura militar por un clamor popular en defensa del país amenazado por una potencia europea. Zimmermann explica en la nota que la estrategia es mantener neutral a EEUU, pero “en caso de que eso no suceda, hacemos a México una propuesta de alianza en los siguientes términos: hacer la guerra juntos, hacer la paz juntos, generoso apoyo financiero y el entendimiento de nuestra parte de que México reconquistará los territorios perdidos en Texas, Nuevo México y Arizona”. Los detalles de cómo coordinar esa alianza, el ministro la deja en manos de su representante en México.

Doble pecado revelado

Pero no era tan fácil informar a Washington de la existencia del telegrama y las intenciones alemanas. Había dos problemas: uno, quedaría al descubierto la capacidad de la inteligencia británica de descifrar las comunicaciones alemanas, y dos, dejaría en evidencia que Londres estaba haciendo lo mismo con las estadounidenses, una nación neutral y potencialmente aliada que por aquellos años hacía esfuerzos por lanzar negociaciones de paz. Al final, los británicos diseñaron un plan para hacer parecer que un funcionario de la oficina de telégrafos mexicana había sido sobornado por espías y entregado el texto al embajador británico en México.

Al principio no todos creyeron en la veracidad del telegrama, ni siquiera el propio gobierno estadounidense, que por entonces no tenía aún esa “relación especial” con Londres que cimentaría décadas después. La Casa Blanca se convenció gracias a una verificación propia del texto, luego de que los británicos compartieron los códigos para descifrar el mensaje. Pero muchos políticos, sectores de la opinión pública y partes importantes de la prensa seguían viéndolo como una maniobra para justificar la entrada en la guerra. El favor de resolver las dudas lo hizo la parte menos interesada en que EEUU entrara al conflicto: Alemania. Zimmernmann ofreció una rueda de prensa a principios en marzo con la esperanza de “aclarar” la situación, en la que dijo que no podía negar que el texto era auténtico. “Ha llegado el día cuando EEUU tiene el privilegio de gastar su sangre y su poderío por los principios que le dieron nacimiento y la felicidad y la paz que atesora”, dijo Wilson a los congresistas el 2 de abril, quienes dos días después autorizaron al Ejecutivo la declaración de guerra.

“EEUU primero”

Por aquellos años EEUU era un país aislacionista por una tradición venida desde tiempos coloniales, pero el sentimiento anti alemán y el anti mexicano eran fuertes. Eso se agravó el 31 de enero, cuando la armada alemana reinició la guerra submarina en el Atlántico como estrategia para estrangular a Gran Bretaña, que dependía crecientemente de suministros de materiales y equipos llegados desde EEUU. Hasta ese momento, desde el hundimiento del crucero Lusitania en mayo de 1915, en el que murieron128 estadounidenses, había un acuerdo de no atacar buques civiles que al suspenderse llevó a Washington a cortar relaciones con Berlín pocos días después. Del lado mexicano, las incursiones que la bandas de Pancho Villa en pueblos del sur de EEUU eran considerados como una intolerable afrenta. De hecho, el general John Pershing dirigía la llamada “Expedición Punitiva Mexicana” en búsqueda de Villa al sur de la frontera. Para junio de 1917 Pershing ya estaba desembarcando en Francia al frente de los primeros 14.000 soldados de la Fuerza Expedicionaria Estadounidense, un contingente que dos años después llegaría a ser de un millón de hombres.

Negativa mexicana

El plan alemán con México nunca tuvo posibilidad de concretarse. Aunque el presidente Carranza no rechazó el ofrecimiento a las primeras de cambios, el análisis de la situación le llevó a concluir que el ejército mexicano no tenía ninguna posibilidad de imponerse en una guerra contra EEUU. Carranza sabía que las finanzas alemanas no gozaban de buena salud a causa del esfuerzo de guerra en Europa, así que la oferta de apoyo monetario tampoco resultaba convincente. Además, una declaración de hostilidades contra Washington complicaría las relaciones con tres importante naciones iberoamericanas (Argentina, Brasil y Chile) que hacían gestiones diplomáticas para evitar una guerra entre México y EEUU, país que desconfiaba de la inestabilidad que generaba en su vecino la revolución en marcha desde 1910. El telegrama Zimmermann marca una de esas coyunturas que cambian el rumbo de la historia. En este caso logró exactamente lo contrario a lo que pretendía y catapultó a EEUU a la guerra del lado de los aliados, lo que condujo a la humillante derrota del Imperio Alemán y dejó el germen de la Segunda Guerra Mundial.

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